Querida hija

24 de junio de 2016

Tokio

Querida hija,

Te escribo desde un lugar, desde un tiempo, en el que todavía no existes. El mundo ni siquiera sabe todavía que te está esperando. Quiero contarte una historia, dejarla escrita, para poder explicarte el lugar con el que vas a encontrarte.

Es una historia que empieza muchos años atrás; antes de las fronteras, antes de los idiomas, antes de la raza. Fue una mutación genética, seguida por otra y después por otra, sólo eso bastó para que apareciera nuestra especie. La diferencia principal fue que de pronto teníamos más espacio para albergar el cerebro y libertad para usar nuestras manos. La consecuencia es que nos convertimos poco a poco en seres racionales y creativos, capaces de crear herramientas sofisticadas y sociedades complejas. Todo iba bien, íbamos evolucionando y adaptándonos a nuevos ambientes. La especie humana se convirtió en una paleta de colores, en catálogo de partes del cuerpo en diversos tamaños y formas.

Todo iba bien, te decía, pero había algo en el cerebro que no terminaba de encajar. Un engranaje oxidado, una tuerca mal ajustada. Se usó a Dios, se usó el color de los ojos, se usó el territorio, se usaron excusas para justificar las muertes de miembros de la misma especie.

Los que tenían poco querían mucho y los que tenían mucho querían más. Y se ordenó la paleta de colores en orden decreciente de intensidad. El que ríe último ríe mejor.  Y se mató. Se mató mucho. Hubo ataques, guerras y torturas. Se impuso la ley del más fuerte. Volvíamos a la sabana.

Hubo una guerra que tambaleó el mundo. Ocurrió en la época de mis abuelos. Son tres generaciones por encima de la tuya. Esta guerra fue un todo contra todos, por eso me gustaría hablarte de ella.

A estas alturas, habiendo pasado tanto tiempo, no interesa tanto saber quién lo hizo, sino cómo pasó. Fue como una pelea en el patio del colegio. El niño matón quiso robarle la merienda al tímido, y nadie quería ayudar al tímido, porque era más divertido animar al matón. Como el matón se sentía fuerte y apoyado, decidió apuntar más alto, y seguir robando meriendas. Hasta que se topó con un niño con muchos amigos. Y así empieza una guerra mundial.

Esta guerra fue terrible, como cualquier guerra. Hubo matanzas masivas, genocidios de inocentes, bombas a la hora de dormir y muy poca comida. Fue una semilla de odio. Se robaron territorios y se nacionalizaron los conflictos. Las banderas iban por delante. Y la bandera del enemigo se quemaba en el fondo de este cerebro que tiene un engranaje oxidado. La guerra terminó y mucha gente había huido de sus hogares. Terminó la guerra y los países vecinos no eran más que la imagen viva del asesino, no importaba el bando.

Había dos formas de reaccionar. Una es la histórica, la que ocurre con más frecuencia, la que vas a ver en países heridos por ataques de los que no pudieron defenderse. Esa forma consiste en incentivar el odio al país enemigo desde la más tierna infancia, enarbolar la bandera como último intento desesperado de orgullo nacional.

Pero hay otra forma, la razón por la que te escribo esta carta. Europa había quedado muy lastimada después del conflicto inhumano. Había muchos culpables por identificar y muchos inocentes que no tendrían la oportunidad de hacerlo por yacer bajo tierra (eso con la mejor de las suertes). Y entonces se hizo algo inaudito. Hubo paz en el recreo. Hubo comunicación y diálogo, propuestas comunes para levantar al herido continente. Poco a poco se fue creando un proyecto con raíces económicas, pero con una consecuencia muy profunda en la vida de los ciudadanos europeos.

El impacto de la historia que te estoy contando se acentúa cuando se tiene en cuenta el hecho de que yo no nací en Europa; llegué a Europa con ojos de extranjera. Venía de un país en el que se levanta la bandera cada día. La bandera del país, no del continente. Y llegué a un lugar en el que tras una guerra devastadora en la que se había plantado la semilla del odio, la bandera comunitaria se lucía con más orgullo que la propia. No todos, por supuesto. La memoria es poderosa y no se puede ver con buenos ojos al país que cargó el arma que mató al ser querido. Pero en la educación primaria -ahí donde yo había llegado- se enseñaba un concepto: el de la unidad.

Llegué en la época del euro. Había mucho escepticismo y lo sigue habiendo, pero los cambios se sucedían con una inercia incontrolable. Moneda única, fronteras invisibles, libre comercio, una tarjeta sanitaria europea y, sobre todo, un sentimiento de pertenencia.

Te quiero decir que cuando yo tenía tu edad y en Japón nos preguntaban de dónde éramos, no nos parábamos a enumerar país por país, decíamos “de Europa”. Y este gesto tan insignificante tiene un trasfondo tan radical que hace falta un acontecimiento como el de ayer para entenderlo.

Volvamos al ejemplo del patio del colegio. La historia sigue con que el matón, el tímido y el popular, y los amigos de cada uno, se juntaron al final del día y decidieron que para no pelearse tenían que hacerse amigos. Se dieron cuenta de que era imposible, pero que, si se veían cada día para hacer los deberes, no sólo iban a aprender a convivir sin conflicto, sino que además iban a salir todos beneficiados (aunque algunos fueran más listos que otros).

Y así hicieron. Ellos nunca llegaron a ser amigos, pero aprendieron a convivir. Lo más impactante de esta historia no es ese logro, es que la clase del año siguiente copió el modelo y no sólo consiguió hacer los deberes, sino también empezar a hablar de temas más personales. Y la clase del año siguiente, mi generación, creció viendo este comportamiento insólito como algo tan normal, que terminaron siendo amigos. Estudiaron juntos, viajaron juntos, hasta se enamoraron.

Es una historia en la que el odio fue vencido, ¿entiendes?

Yo no entiendo mucho de economía, pero te puedo asegurar que entiendo de amistades con miembros de la Unión Europea. Hoy, sentados en círculo en Yoyogi Park, hablamos de tristeza. Uno de los amigos del grupo había decidido irse, dejar de salir con nosotros. O hacerlo, pero dejar de decir “soy europeo” cuando nos preguntaran. (Para ser más exactos tengo que decir “habían decidido por él, en contra de su voluntad”)

Por eso hoy siento que el plan ha fracasado, aunque al final no se vayan. Era un proyecto contra los nacionalismos, un proyecto para educar desde la edad más temprana que no podemos cometer los mismos errores otra vez. No podemos volver a bajar las barreras y a cargar los cañones. Pero los que vivieron la guerra no nos han dado tiempo a llegar a posiciones de poder para evitar el error. Y si un amigo quiere irse del grupo, es que algo va mal. Y si ese amigo tiene que irse porque otros lo han decidido, es que algo va todavía peor.

Hoy había caras largas y pensamientos confusos en una reunión entre amigos. De la Unión Europea. Entre los cuáles hay uno que hoy se sentía con menos derecho de estar sentado en el mismo círculo. Y eso no es justo.

Yo no sé qué va a pasar con los pasaportes, o con la moneda, o con los jubilados que disfrutan del sol de España. Pero lo que sí sé es que tengo que escribirte esta carta para recordarte que hubo una vez en la que un conflicto se intentó resolver tras dos generaciones con fuertes amistades. Ahora le toca a tu generación poner el broche de oro y luchar por el diálogo y la colaboración para que no haya fracasos tan absurdos como el de hoy.

Los cerezos

Decían que Japón se tiñe de blanco y rosado cuando llega la primavera. Que hay que ver -aunque sea una vez en la vida- el dulce espectáculo de los pétalos volando al viento. La resurrección de la vida. Los árboles vuelven a darnos una lección de renacimiento, se ponen sus mejores galas para recibir al cálido viento que viene de otro lado. Desde el mar quizás. Los cerezos no le guardan rencor al invierno que los dejó desnudos. Los cerezos olvidan y roban el aliento con su belleza. Las ramas bailan en el aire y yo también tengo ganas de bailar. Todos las tenemos. Japón, en abril, es una fiesta. Se inundan los parques, se vacían los restaurantes. La mesa de lujo está bajo el árbol, el camarero es el viento.

Yo pensaba que exageraban. Hasta que una mañana abrí la ventana y la calle me deslumbró con una blancura de pintura. Todos los recovecos de Tokio en flor. Hasta el aire estaba en flor.

image

El primer día tomé una foto cada dos pasos y medio.

El segundo día me entristeció pensar que esto es pasajero.

El tercer día un grupo de árboles expuestos al sol me mostraron sus primeros brotes verdes.

image

Me hizo recordar a Machado cantándole al olmo viejo: “quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida; mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”.

Así que saqué mi cuaderno y anoté la gracia de tu rama verdecida. Como una plegaria, como una acción de gracias. Que la primavera traiga esperanza, que la naturaleza siga abriéndose paso. Que nada la frene. Que nadie la frene. ¿Quién se atreve a admirar el cerezo mientras deja marchitar a los que ya no tienen raíces?

Si viera Machado el mundo le cantaría al continente viejo “hendido por el rayo y en su mitad podrido”, con la esperanza de que la rama que florece sea capaz de revivir al tronco, llegando a la raíz.

Vuela algún pétalo por el cielo de Europa.
Pétalo distraído cruzó la frontera.
Vuela pétalo, semilla.
Vuela libre.
Pero aterriza y germina,
Para recordar a los hombres
Que el invierno termina.
Que crezcan tus raíces fuertes.
Que se celebre la vida.
Que anoten, en la agenda de gobierno,
La gracia de tu rama verdecida.

One more challenge

I have a crazy idea. And I will need your help.

I’ve been sharing my trips and adventures for many years. Since the time when I was not able to talk, but to listen. And I always heard the same. “How lucky you are! I wish I could live that way…” I constantly faced the frustration of people that are eager to travel but because of their family, economical or social situation, can’t.

Or they think they can’t.

I am here to tell you it’s possible. The secret is very simple: the place where you’re living is unique in the world and their are people that would love to visit it and that are frustrated because they can’t. Do you also see the problem in the equation? We always think our home has nothing special, nothing exotic. I am here to tell you you’re wrong.

And to propose a challenge.

Would you dare to become a tourist in your own city, neighbourhood, town? I offer you the possibility to rediscover your world with foreign eyes, and to share it with me. But don’t worry, I know it’s not easy. I was already in that situation and I am going to help you.

The first step will be to find the nearest tourist information centre. Get a map and a lot of advice. The second step (and this is the important one) will be to erase from your memory any prejudice about any place. “But there’s nothing in there!” Erased.

You are ready to begin. There are different tricks to rediscover the city. My favourite one is to chose a theme: visit all the museums, skate in all the parks, follow a subway line getting off at all stations, make a list of the best places to try local food o visit always the same tree in order to track seasonal changes. Those are just ideas, possibilities are endless.

The next challenge you’ll have to face is to learn the language. “Sorry, what?” Yes, the language. That’s what one does when travelling. It’s time for you to think about the meaning of what you say everyday. Where those words are coming from, how idioms were originated. And no, don’t use the internet. When one’s travelling there’s no internet. One has to talk to people. This part will be harder. We are embarrased to talk to strangers. Didn’t you want to travel? Go out and ask, with curiosity, where does the expression “it’s raining cats and dogs” come from? A little piece of advice: years give knowledge, ask someone with experience in life. Ask, ask.  “Why is this city called this way?”, “where should I go to watch the best sunset?” Ask for advice to eat, to dance, to go for a walk.

And talking of talking to people… Tourists! Best source of information. Talk to them, help them if they are lost and ask for their story, what are they doing in this place where there’s “nothing”?!

While doing it, take pictures and notes of what you see, what calls your attention, what you’d like to share with those that visit your city.

I’d like to see those pictures and hear those stories. I need your help! I will be waiting for you to send them to me so that I can share them. That way we’ll all be able to see how the best way to travel is to know your own home.

Big hugs,

Noe from Tokyo 🙂

Otro reto

Se me está ocurriendo una idea loca. Y voy a necesitar tu ayuda.

He estado compartiendo mis viajes y mis aventuras desde hace mucho tiempo. Desde que no sabía hablar, pero sí escuchar. Y siempre escuchaba lo mismo. “¡Qué suerte! Ojalá yo también pudiera vivir así…”  Me encontraba con la frustración de gente que quiere viajar y que por su situación familiar, económica o social (o todo lo anterior) no puede.

O cree que no puede.

Vengo a contarte que (casi siempre) sí puede. El secreto es muy sencillo: el lugar en el que estás viviendo es único en el mundo, hay gente que se muere por conocerlo, y que se frustra porque no puede. ¿Ves el problema en la ecuación? Siempre creemos que nuestro hogar no tiene nada de exótico, nada de especial. Vengo a decirte que estás equivocado.

Y a proponerte un reto.

¿Te convertirías en turista de tu propia ciudad, barrio, pueblo? Te invito a redescubrir tu mundo con ojos de extranjero, y a que lo compartas conmigo. Pero tranquilo, sé que no es fácil. Yo ya estuve en esa situación, y voy a ayudarte.

El primer paso será localizar la información de turismo más cercana. Y conseguir un mapa y muchos consejos. Lo segundo (y esto es muy importante) será borrar de la memoria todo prejuicio de cualquier lugar. “¡Pero si ahí no hay nada!” Borrado.

Ya estás listo para empezar. Hay diferentes trucos para redescubrir la ciudad. Mi favorito es hacerlo de manera temática: visitar todos los museos, ir en patines por todos los parques, recorrer una línea de metro bajándome en cada parada, hacer una lista de los mejores lugares para probar comida local o visitar siempre el mismo árbol para ver el cambio de las estaciones. Son sólo ideas, las posibilidades son infinitas.

La siguiente prueba a la que tendrás que enfrentarte es aprender el idioma. “¿Perdón?” Sí, el idioma. Es lo que se hace cuando se viaja. Es hora de que te pares a pensar en el significado de lo que dices cada día. De dónde vienen las palabras, cómo se originaron las expresiones. Y no, no uses internet. Cuando uno viaja no tiene internet. Hay que hablar con la gente. Esta parte te va a costar más. Nos da vergüenza hablar con desconocidos. ¿Pero no querías viajar? Sal a la calle y pregunta, con curiosidad, ¿de dónde viene la expresión “hablando del rey de Roma”? Un consejito: los años dan conocimiento, es mejor preguntar a gente con experiencia en la vida. Pregunta, pregunta. “¿Por qué se llama así esta ciudad?”, “¿cuál es el mejor lugar para ver una puesta de sol?” Pide recomendaciones para comer, para bailar, para salir a pasear.

Y hablando de hablar con gente… ¡los turistas! Fuente número uno de información. Habla con ellos, ayúdalos si están perdidos y pregunta por su historia, ¿qué hacen ahí si no hay “nada”?

Y mientras haces todo eso, saca fotos y toma nota de lo que veas, de lo que te llame la atención, de lo que te gustaría enseñarle a alguien que visite tu ciudad.

Quiero ver esas fotos y escuchar esas historias. ¡Necesito tu ayuda! Estaré esperando ansiosa a que me las mandes y poder compartirlas. Así todos podremos ver como la mejor manera de viajar es conociendo nuestro propio hogar.

Un beso,

Noe desde Tokio 🙂

La Unión Europea

El viernes tuve que ir a la sede de la Delegación de la Unión Europea en Japón, para dar una presentación sobre mi sector tecnológico. Fuimos los 45 becados. Hay gente alta, de ojos azules y rubia. Hay gente bajita de pelo oscuro. Hay bromas internas, alguien le comenta al alemán que debería pagarnos la comida a los españoles, italianos y griegos. Nos reímos. Cuando salimos a la calle nos preguntan de dónde venimos. “De Europa”, decimos. En California pasaba lo mismo, la inglesa me decía que no me preocupara, que nos íbamos a volver a ver fácilmente. Volvíamos a la misma casa.

 

Si no me meto en temas económicos y financieros, puedo decir que se ha conseguido. El sentimiento de unión lo tenemos. Ya no nos parece extraño que se enamoren personas que pertenecen a países que hace no mucho estuvieron en guerra. Es como la familia, yo puedo meterme con mi hermano, pero que no se le ocurra a nadie más hacerlo. Vamos a quejarnos de los vagos del sur y los opresores del norte, pero los invitaremos a nuestra fiesta de cumpleaños, a ambos, porque en el fondo nos queremos. Mi generación creció sin fronteras, aprendiendo que hay errores del pasado que no queremos volver a cometer. Nos enseñaron el valor de compartirlo todo, lo bueno y lo malo, de ser uno. Comprendimos que hay que ver más allá del color de los ojos, siendo respetuosos con la historia y la cultura. Nos soltaron al mundo con un pasaporte que abre cualquier puerta, pero nos impusieron la condición de representar a un continente entero. Y nosotros, allá fuimos. Y salió mucho mejor de lo esperado. Habiendo crecido en una mezcla de culturas que van y vienen sin pasaporte, los ojos se habían acostumbrado a ver más allá del país de origen. Hicimos amigos de todas partes del mundo, confiamos en ellos, y ellos confiaron en nosotros.

 

Representamos bien a Europa cada vez que salimos. ¿Y ahora? ¿Qué les digo a esos amigos? ¿Qué hago con la confianza rota, dónde la tiro? ¿Cómo les explico que los vamos a echar de una patada cuando más nos necesitan? ¿Les hablo de la crisis económica? Que alguien me diga con qué cara los miro.

 

El viernes representamos a una bandera que nos ha decepcionado. No es eso lo que nos enseñaron.

Literatura

Para muchos, algo aburrido que estudiar.

Para mi, un mundo de posibilidades.

No se trataba sólo de leer, eso ya lo podía hacer en mi casa, enterrándome entre columnas de libros hasta que la luz no alcanzase. No, la clase de literatura era mucho más que eso. Historia, psicología, entendimiento de la vida humana. Se trataba de entender la época en la que había vivido el poeta, a quién amaba, lo que desayunó aquel día. Las palabras no encierran más que historias y el significado siempre depende de quién lo lea. La literatura es la forma más ancestral de la realidad virtual. Lo que se escribe es único, lo que se entiende tiene infinitas formas. Y lo que entendemos es lo que sentimos.

Se tardan muchos años en comprender lo que quiso decir el escritor. Hace falta leer mucho, establecer comparaciones, estudiar geografía e historia, entender las evoluciones del idioma y saber griego, latín y árabe. Y lamento decirte, que aún después de todo ese tiempo, tu interpretación pasará a través de los filtros de la memoria, de las experiencias, de las sensaciones. Leerás amor y pensarás en el tuyo. Leerás muerte y temblarás con la propia. Leerás guerra pero nunca habrás vivido una.

Es fascinante, no me malinterpretes. De la mano de profesionales que han dedicado su vida a la empatía para poder entender al autor yo misma he podido atisbar las intenciones iniciales de lo leído. Es como un juego de detectives, nunca podría cansarme de ello.

Sin embargo, a veces cambio de juego. Juego a decir algo distinto a lo que siento. Puedo escribir que mis labios ardían como el fuego. Y ahí las mentes de los lectores abrirán el cajón de las metáforas y pensarán en pasión, evocarán poemas e intentarán imaginar el beso. Beso que no existió. Mis labios arden como el fuego porque tengo una alergia que me impide sonreír. Pero es divertido, saber que el significado original está a salvo, enterrado como un tesoro pirata.

Hay libros que cambiaron de significado a medida que yo iba creciendo. Hay poemas que una vez entendí y ahora… Ahora ya no. Hay una obra de teatro que me sé de memoria aunque no recuerdo por qué. Y esa es la magia de la literatura: es una ventana (cuando queremos mirar al interior de quién la escribió) y es un espejo (cuando tenemos el valor de mirar lo que llevamos adentro).

La literatura se parece a las personas. Dicen los japoneses que todos tenemos tres caras: la que mostramos a los desconocidos, la que enseñamos a nuestro círculo más cercano y la que reservamos para nosotros mismos.

Si escribo este blog, y lo lee un desconocido, se sentirá identificado, le gustará o lo odiará, podrá incluso estudiar mi contexto socio-cultural y  establecer mis reglas métricas.

Si escribo este blog y lo lee mi círculo más cercano, tendrán mi contexto y puede que hasta me proyecten escribiendo estas palabras. Habrá empatía basada en el conocimiento.

Y finalmente, si lo leo yo, seré autocrítica y corregiré unas cuantas frases. Al releerlo recordaré aquel día en el que lo escribí, en qué y en quién estaba pensando y sobre todo la semilla que hizo germinar la idea.

Voy a revelar la semilla de hoy, por si algún día me falla la memoria. Todo empezó cuando me di cuenta de que al interactuar con alguien hay que tratarlo como a un libro. El mundo es una biblioteca. Hay libros que he leído cientos de veces, que han ido cambiando, conmigo. Cuando hable de esos libros será como hablar de mi misma. Hay libros que leí una vez y que me enseñaron algo, un detalle. Cuando hable de ellos pensaré que todos los libros de la saga son iguales. Y hay otros libros que todavía no leo. Cuando hable de ellos diré lo que otros dijeron.

Es una responsabilidad grande vivir en el extranjero, leer nuevas personas cada días, releer a las recurrentes. Es grande la responsabilidad porque lo que yo entienda de lo leído será lo que contaré a aquellos que nunca abrieron el libro pero tienen ganas de saber de qué se trata.

Antes de venir a Japón escuché muchas historias, curiosamente de gente que nunca había pisado el país. Ahora me estoy tomando el trabajo de aprender japonés (porque si no, no puedo entender los libros) y me encantaría poder traducirlos para que los que todavía no vienen puedan conocer un poquito mejor a este país lleno de estereotipos y que sentimos tan lejano.

IMG_20160206_155713[1]

De eso se trata mi blog.

Muchos besos,

Noe desde Tokyo 🙂

Una lista de cosas iguales

  1. La calma antes de la tormenta.
  2. La primera subida de la montaña rusa.
  3. El segundo en el que los dos semáforos coinciden en rojo.
  4. La tarde del domingo.
  5. El último día de vacaciones.
  6. El último día de trabajo.
  7. Cerrar el equipaje.
  8. Meter la carta en el sobre.
  9. La temperatura del agua justo antes de que empiece a salir caliente.
  10. La aceituna de la vergüenza.
  11. La habitación un segundo antes de que suene el despertador.
  12. El silencio entre los aplausos y el comienzo de la música.
  13. Mirarse en el espejo una última vez antes de subir al escenario.
  14. El viento que precede al tren.
  15. El dolor de músculos antes de la gripe.
  16. Preparar mentalmente una frase antes de hablar en un idioma desconocido.
  17. El tiempo que tarda la mano del plato a la boca.
  18. La sala de espera.
  19. Comprar un cuaderno.
  20. Estar sentado en el avión antes de que despegue.
  21. La carta que espera en el buzón.
  22. El sonido del mensaje de texto.
  23. Poner la mesa.
  24. Los créditos de una película cuando nadie los mira.
  25. El momento de duda antes de hacer click en enviar.
  26. Esperar a que el programa compile.
  27. El león, el castillo, la lámpara y otros comienzos de películas.
  28. Mirar hacia abajo antes de saltar del avión.
  29. Darse cuenta de que la otra persona va a besarte.
  30. La sed.
  31. El olor a sopa cuando hace frío.
  32. Esperar a que conteste el teléfono.
  33. Empezar a leer el último libro de la saga.
  34. La etapa final del Camino de Santiago.
  35. Comer antes de ir al aeropuerto.
  36. Un nudo en la garganta.
  37. El calentamiento.
  38. Una nevada de noche.
  39. El comportamiento de los animales antes del terremoto.
  40. Ponerse los guantes antes de salir de casa.
  41. El sonido del microondas dando vueltas.
  42. Revisar un documento por última vez.
  43. El hambre.
  44. Meterse en el ascensor para ir a la entrevista.
  45. Empezar el último examen.

 

Aportación de Mario:

46_ El momento exacto en que terminas de lavar el auto y comienza a llover.

Aportación de Adri:

47 – Otra cuando te quedas dormido en un cole o tren, te despertas y no sabés si te pasaste , esos segundos que miras para todos lados, para ubicarte son aterradores.

 

Querido desconocido,

Querido desconocido,

 

No sé si en algún momento te enviaré esta carta; a veces es mejor no interferir, dejar que los acontecimientos fluyan. No estoy segura si en algún momento la enviaré, pero por lo menos tenía que intentar escribirla. Una vez leí que un relato es una carta que un autor se escribe a sí mismo para contarse cosas que de otro modo no podría averiguar. Quizás es por eso que ahora estoy deslizando la pluma sobre este trozo de papel.

 

Quería agradecerte todo lo que harás por mí. Todavía no lo sabes, pero en un futuro nuestros caminos se cruzarán y nuestras vidas quedarán irremediablemente entrelazadas. Pasarás horas escuchando mis historias, mis miedos, mis alegrías. Pasarás horas contándome las tuyas. Querido desconocido, te mostraré mi comida favorita y harás como si te encantara. Tú me llevarás a aquel lugar que te quitó la respiración la primera vez que lo viste. Nos sacaremos fotos. Tomaremos trenes y escalaremos montañas y veremos atardeceres desde el fin de nuestro mundo conocido, que se hará más y más grande a medida que viajemos juntos. Nos convertiremos en mejores amigos, compartiendo momentos que durarán para el resto de la vida. Me cambiarás la vida. Gracias por eso.

 

O quizás no. A lo mejor nunca nos hacemos mejores amigos. Pero aún así quería darte las gracias por todo lo que harás por mí.

 

Gracias, querido desconocido, por pensar que soy adecuada para el puesto que me ofrecerás. O por diseñar la casa en la que viviré, el avión en el que viajaré, o el hospital que visitaré. Gracias por cuidar de las verduras y los animales que comeré. Por estudiar con mucho esfuerzo para convertirte en el maestro que educará a mi descendencia, en el doctor que cuidará a los de mi alrededor, en el escritor que me mantendrá despierta con sus libros cautivantes.

 

Gracias, querido desconocido, por ser valiente y luchar por los derechos que tomaré por sentados.

 

Gracias por componer la canción que cantaré cuando tenga ganas de llorar, por limpiar las calles mientras duermo. Esas calles que recorreré tras un largo día. Verlas limpias me hará feliz. Gracias por sonreír al darme el cambio.

 

Gracias, querido desconocido, por respetar a todas las personas. Gracias a ti no tendré miedo de caminar sola de noche vistiendo una falda. Gracias por entender que no todos siguen el mismo camino, que quizás decida no tener hijos, o tenerlos sin renunciar a mi trabajo. Gracias a tu comprensión podré tomar decisiones de manera independiente.

 

Gracias por evitar las generalizaciones y los comentarios sobre gente que no conoces. Gracias a ti mis hijos no pensarán que América está dividida entre el peligroso Sur y el opulento Norte, o que Europa es el centro del mundo, o que la única característica de África es ser pobre. No pensarán que Asia es China y Oceanía Australia. Gracias a ti aprenderán a tomarse el tiempo de conocer a las personas antes de hacer cualquier tipo de afirmación.

 

Gracias por pronunciarte cuando una empresa está siendo deshonesta, por tomar la decisión de no emplear a niños o de no hacer negocios con dictadores. Gracias a ti el mundo se convertirá cada día en un lugar mejor para todos, incluyéndome a mí.

 

Todavía no lo sabes, pero de alguna manera nuestros caminos se cruzarán y, como un efecto mariposa, cambiarás mi vida para siempre. Y sobre lo que mencionaba antes, era verdad, escribiendo esta carta he descubierto cosas que no eran evidentes antes. Querido desconocido, querida yo, las decisiones que tomamos afectarán las vidas de personas que quizás nunca lleguemos a ver. Es nuestra responsabilidad cuidar nuestras acciones, nuestras palabras, nuestros pensamientos.

image

Gracias por ser consciente del mundo en el que vives,

 

Noe desde Tokio

Dear stranger

Dear stranger,

 

I’m not sure if I will ever send this letter; sometimes it’s better not to interfere but rather let things happen in a natural way. I’m not sure if I’ll ever send it, but at least I need to try to write it. I read once that a story is a letter that an author writes for themselves, to tell those things that they would not be able to find out in a different way. Maybe that’s why I’m here sliding the pen over this piece of paper.

 

I wanted to thank you for all the things you will do for me. You don’t know it yet, but in a future our paths will cross and our lives will become inevitable tangled. You will spend hours listening to my stories, my fears, my joys. You will spend hours sharing yours with me. Dear stranger, I’ll show you my favorite food and you’ll pretend you love it. You’ll take me to the place that took your breath away when you first saw it. We’ll take pictures together. We’ll take trains and climb mountains and watch the sunset from the end of our known world, which will keep spanding as we travel together. We will become the best of friends, sharing moments that will last for a last time. You will change my life. Thank you for that.

 

Or maybe not. Maybe we never become the best of friends. But I would like to thank you anyway for all the things you’ll do for me.

 

Thank you, dear stranger, for thinking I’m suitable for the job you’ll offer me. Or for designing the house where I will live, the plane that I’ll take, the hospital that I’ll visit. Thank you for taking care of the vegetables and the animales I’ll eat. For studying hard to become the teacher who’ll educate my offspring, the doctor who’ll take care of the ones around me, the writer who’ll keep me awake with fascinating books.

 

Thank you, dear stranger, for being brave to fight for rights that I’ll take for granted.

 

Thank you for composing the song that I’ll sing when I feel like crying, for cleaning the streets while I’m sleeping. The streets that I’ll walk going home after a long day. Seeing them clean will make me happy. Thank you for smiling when giving me the change.

 

Thank you, dear stranger, for respecting everyone. Thanks to you I won’t be afraid of walking by myself at night wearing a skirt. Thank you for understanding that not everyone follows the same pattern, that I may decide not to have children, or to have them, without quiting my job. Thanks to your understanding I will be able to make independent decisions.

 

Thank you for avoiding generalizations and making comments about people you don’t know. Thanks to you my children will not think that America is divided between the dangerous South and the opulent North, or that Europe is the center of the World, or that Africa’s only characteristic is being poor. They will not think that Asia is China and Oceania is Australia. Thanks to you they will learn to take their time to know a person before making any statement.

 

Thank you for speaking up when a company is being dishonest, for making the decision to not employ children or to not do business with dictators. Thanks to you the world will each day become a better place for everyone, including me.

You don’t know it yet, but somehow our paths will cross and, like a butterfly effect, you will change my life forever. And about what I mentioned before, it was true, writing this letter made me understand things that were not visible before. Dear stranger, dear me, the decisions we make will impact the lives of people we might never even seen. It is our responsibility to take care of our actions, our words, our thoughts.

image

Thank you for being conscious of the world you live in,

Noe from Tokyo