Otro reto

Se me está ocurriendo una idea loca. Y voy a necesitar tu ayuda.

He estado compartiendo mis viajes y mis aventuras desde hace mucho tiempo. Desde que no sabía hablar, pero sí escuchar. Y siempre escuchaba lo mismo. “¡Qué suerte! Ojalá yo también pudiera vivir así…”  Me encontraba con la frustración de gente que quiere viajar y que por su situación familiar, económica o social (o todo lo anterior) no puede.

O cree que no puede.

Vengo a contarte que (casi siempre) sí puede. El secreto es muy sencillo: el lugar en el que estás viviendo es único en el mundo, hay gente que se muere por conocerlo, y que se frustra porque no puede. ¿Ves el problema en la ecuación? Siempre creemos que nuestro hogar no tiene nada de exótico, nada de especial. Vengo a decirte que estás equivocado.

Y a proponerte un reto.

¿Te convertirías en turista de tu propia ciudad, barrio, pueblo? Te invito a redescubrir tu mundo con ojos de extranjero, y a que lo compartas conmigo. Pero tranquilo, sé que no es fácil. Yo ya estuve en esa situación, y voy a ayudarte.

El primer paso será localizar la información de turismo más cercana. Y conseguir un mapa y muchos consejos. Lo segundo (y esto es muy importante) será borrar de la memoria todo prejuicio de cualquier lugar. “¡Pero si ahí no hay nada!” Borrado.

Ya estás listo para empezar. Hay diferentes trucos para redescubrir la ciudad. Mi favorito es hacerlo de manera temática: visitar todos los museos, ir en patines por todos los parques, recorrer una línea de metro bajándome en cada parada, hacer una lista de los mejores lugares para probar comida local o visitar siempre el mismo árbol para ver el cambio de las estaciones. Son sólo ideas, las posibilidades son infinitas.

La siguiente prueba a la que tendrás que enfrentarte es aprender el idioma. “¿Perdón?” Sí, el idioma. Es lo que se hace cuando se viaja. Es hora de que te pares a pensar en el significado de lo que dices cada día. De dónde vienen las palabras, cómo se originaron las expresiones. Y no, no uses internet. Cuando uno viaja no tiene internet. Hay que hablar con la gente. Esta parte te va a costar más. Nos da vergüenza hablar con desconocidos. ¿Pero no querías viajar? Sal a la calle y pregunta, con curiosidad, ¿de dónde viene la expresión “hablando del rey de Roma”? Un consejito: los años dan conocimiento, es mejor preguntar a gente con experiencia en la vida. Pregunta, pregunta. “¿Por qué se llama así esta ciudad?”, “¿cuál es el mejor lugar para ver una puesta de sol?” Pide recomendaciones para comer, para bailar, para salir a pasear.

Y hablando de hablar con gente… ¡los turistas! Fuente número uno de información. Habla con ellos, ayúdalos si están perdidos y pregunta por su historia, ¿qué hacen ahí si no hay “nada”?

Y mientras haces todo eso, saca fotos y toma nota de lo que veas, de lo que te llame la atención, de lo que te gustaría enseñarle a alguien que visite tu ciudad.

Quiero ver esas fotos y escuchar esas historias. ¡Necesito tu ayuda! Estaré esperando ansiosa a que me las mandes y poder compartirlas. Así todos podremos ver como la mejor manera de viajar es conociendo nuestro propio hogar.

Un beso,

Noe desde Tokio 🙂

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