Los cerezos

Decían que Japón se tiñe de blanco y rosado cuando llega la primavera. Que hay que ver -aunque sea una vez en la vida- el dulce espectáculo de los pétalos volando al viento. La resurrección de la vida. Los árboles vuelven a darnos una lección de renacimiento, se ponen sus mejores galas para recibir al cálido viento que viene de otro lado. Desde el mar quizás. Los cerezos no le guardan rencor al invierno que los dejó desnudos. Los cerezos olvidan y roban el aliento con su belleza. Las ramas bailan en el aire y yo también tengo ganas de bailar. Todos las tenemos. Japón, en abril, es una fiesta. Se inundan los parques, se vacían los restaurantes. La mesa de lujo está bajo el árbol, el camarero es el viento.

Yo pensaba que exageraban. Hasta que una mañana abrí la ventana y la calle me deslumbró con una blancura de pintura. Todos los recovecos de Tokio en flor. Hasta el aire estaba en flor.

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El primer día tomé una foto cada dos pasos y medio.

El segundo día me entristeció pensar que esto es pasajero.

El tercer día un grupo de árboles expuestos al sol me mostraron sus primeros brotes verdes.

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Me hizo recordar a Machado cantándole al olmo viejo: “quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida; mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”.

Así que saqué mi cuaderno y anoté la gracia de tu rama verdecida. Como una plegaria, como una acción de gracias. Que la primavera traiga esperanza, que la naturaleza siga abriéndose paso. Que nada la frene. Que nadie la frene. ¿Quién se atreve a admirar el cerezo mientras deja marchitar a los que ya no tienen raíces?

Si viera Machado el mundo le cantaría al continente viejo “hendido por el rayo y en su mitad podrido”, con la esperanza de que la rama que florece sea capaz de revivir al tronco, llegando a la raíz.

Vuela algún pétalo por el cielo de Europa.
Pétalo distraído cruzó la frontera.
Vuela pétalo, semilla.
Vuela libre.
Pero aterriza y germina,
Para recordar a los hombres
Que el invierno termina.
Que crezcan tus raíces fuertes.
Que se celebre la vida.
Que anoten, en la agenda de gobierno,
La gracia de tu rama verdecida.

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